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El anfitrión del Mundial está obligado a luchar por el título por el mero hecho de jugar en casa.
Los tres Campeonatos del Mundo conseguidos hasta la fecha y la regularidad exhibida a lo largo de la historia les avalan. Aún así, el siempre aguerrido once alemán no gana el Mundial desde el año 1990.
La historia y el jugar en casa les obliga a luchar por lo máximo, pero no se encuentra en su mejor momento. Grandes jugadores históricos abandonaron la selección para dar paso a jóvenes que no han conseguido matener una trayectoria tan brillante como se podría esperar de una selección alemana.
Además, en su contra tiene el no haber jugado partidos oficiales y haber tenido que pelear por una plaza al ser el anfitrión. Por ello, han tenido que buscar partidos amistosos que les ayudaran a moldear el bloque.
En estos partidos ha quedado patente un detalle importante. El tradicional espíritu de lucha alemán con una defensa fuerte que servía de base a un equipo aguerrido ha tenido que dar paso a la búsqueda de un juego menos fuerte y de más toque que el habitual. El artífice de este cambio no ha sido otro que su entrenador, Jurgen Klinsmann, que al ver las debilidades defensivas de su equipo ha buscado un sistema más ofensivo basado en uno de los jugadores más determinantes y desbordantes del continente, el jugador del Bayern de Múnich, Michael Ballack, la gran estrella y auténtico estandarte de la selección alemana.
AlineaciónKhan |
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La estrella: Michael Ballack
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